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Dentro de la cafetería, el sonido de la maquina de café, el bullicio que empezaba a respirarse, la gente entrando y saliendo, todo ello me hacia pensar que me quedaba poco para entrar en mi oficina. Bebí el último trago de mi café, cerré el diario y lo deje sobre la mesa, dirigiéndome a Tomás el camarero, que cada día servia mi café, después de tanto tiempo, ya ni tenia que pedírselo, de sobras sabia como lo quería y como me gustaba, le pague y entre bromas como siempre me fui.